La cadena de frío en toxina botulínica ha sido, hasta ahora, dogma clínico. Los prospectos de Botox (Allergan) indican almacenamiento entre 2°C y 8°C antes de la reconstitución y uso dentro de 24 horas posterior a ella. Pero ¿qué ocurre realmente cuando la toxina se conserva a temperatura ambiente por días o incluso semanas? En 2025, un equipo de investigadores de Brasil y Suecia se propuso responder esa pregunta con metodología controlada.

El estudio: diseño y metodología

El ensayo clínico "Is Cold Storage Still a Must? Evaluating Room-Temperature OnabotulinumtoxinA for Glabellar Lines Treatment" fue publicado en noviembre de 2025 en el Journal of Cosmetic Dermatology (DOI: 10.1111/jocd.70554, PMID: 41252535) por Blanco Rodriguez et al., con filiaciones en UNINGÁ (Brasil), Karolinska Institutet (Suecia) y la Universidad Federal de Paraná.

El estudio tuvo dos fases:

Referencia del estudio Blanco Rodriguez RY, De La Torre Canales G, Nunes Giracca C, et al. "Is Cold Storage Still a Must? Evaluating Room-Temperature OnabotulinumtoxinA for Glabellar Lines Treatment." J Cosmet Dermatol. 2025 Nov;24(11):e70554. Leer en PubMed Central →

Resultados de esterilidad: ningún crecimiento microbiano

En todos los tiempos de evaluación (0, 15, 30 y 60 días a 37°C), tanto el medio FTM como el SCDM permanecieron transparentes y libres de turbidez. Esto equivale a ausencia total de crecimiento bacteriano o fúngico, en conformidad con los criterios de la Farmacopea Brasileña.

El dato más llamativo: la toxina permaneció estéril incluso después de 60 días a 37°C, una temperatura superior al ambiente típico de un consultorio. Los autores atribuyen este resultado a que el riesgo de contaminación microbiana no proviene del calor sino de las brechas en la técnica aséptica durante la reconstitución y manipulación.

Resultados clínicos: eficacia equivalente entre grupos

p<0.001
Reducción de actividad EMG en ambos grupos
≥1 pt
Mejora mínima en escala Merz mantenida hasta 60 días
N=60
Pacientes en ensayo aleatorizado controlado

La actividad electromiográfica (EMG) de los músculos prócer y corrugador disminuyó de forma estadísticamente significativa en ambos grupos a los 15, 30 y 60 días vs. el basal (p<0.001). No se encontró diferencia significativa en la reducción entre G1 y G2 —la toxina almacenada una semana a 37°C redujo la contracción muscular igual que la toxina recién preparada.

En la escala Merz, G1 mostró valores ligeramente inferiores (mejores) en varios puntos de tiempo vs. G2, aunque esta diferencia se explica porque los pacientes de G2 partían con arrugas más severas en el basal (mediana 3 vs. 2). Ambos grupos mejoraron al menos un punto respecto al basal, sostenido hasta los 60 días.

En satisfacción del paciente (FACE-Q), el grupo que recibió toxina almacenada una semana (G2) reportó mayor satisfacción a los 15 y 30 días (p<0.01). Los autores lo atribuyen al mayor contraste percibido dado su punto de partida más severo. A los 60 y 90 días no hubo diferencia entre grupos.

¿Qué cambia este estudio para la práctica clínica?

El estudio es el primero en evaluar directamente la eficacia y esterilidad de onabotulinumtoxinA post-reconstitución a temperatura ambiente en humanos. Sus conclusiones son claras: bajo condiciones de manipulación aséptica rigurosa, la toxina mantiene su eficacia y esterilidad incluso a temperaturas elevadas por periodos extendidos.

Los autores señalan un matiz importante: el experimento de esterilidad fue realizado en laboratorio bajo condiciones de bioseguridad clase II, que no replican exactamente el entorno de un consultorio. En la práctica clínica, la cadena aséptica en la reconstitución —agujas estériles, técnica limpia, sin remoción del tapón— sigue siendo determinante para la seguridad microbiológica, independientemente de la temperatura de almacenamiento.

El contexto: formulaciones de nueva generación que ya no requieren frío

Este estudio se suma a una tendencia regulatoria que ya reconoció formalmente la estabilidad térmica de los neuromoduladores:

La existencia de estas formulaciones aprobadas para temperatura ambiente demuestra que la molécula de toxina botulínica tipo A no es inherentemente frágil al calor —el requisito de cadena de frío histórico era propio de la formulación original de Allergan, no de la molécula en sí.

Lo que no cambia

Aunque la evidencia avanza, hay consideraciones prácticas que no deben ignorarse:

El mensaje clínico central es este: un incidente de temperatura en la cadena de frío no equivale automáticamente a toxina comprometida. La evidencia de 2025 indica que hay más margen del que los protocolos históricos sugerían.